El paisaje del interior de Mallorca también se entiende a través de sus viñedos. Las bodegas de Mallorca conservan una tradición centenaria que hoy convive con nuevos proyectos comprometidos con la calidad, las variedades autóctonas y el territorio.

La tradición vitivinícola de Mallorca

El vino acompaña la historia de la isla desde hace siglos. Las bodegas de Mallorca mantienen viva esa herencia gracias a una producción que ha sabido preservar su identidad y adaptarse a una nueva forma de entender la viticultura.

Una cultura del vino con raíces propias

Hace más de 2.000 años, los romanos introdujeron el cultivo de la vid en Mallorca. Desde entonces, el vino ha formado parte de la economía y del paisaje de buena parte del interior de la isla. 

Tras la crisis provocada por la filoxera a finales del siglo XIX, el sector recuperó impulso durante las últimas décadas del siglo XX gracias a la apuesta por la calidad y por la recuperación de variedades tradicionales.

Hoy, las denominaciones de origen Binissalem y Pla i Llevant, junto con distintas indicaciones geográficas, reflejan la diversidad vitivinícola de Mallorca. Variedades como Manto Negro, Callet, Prensal Blanc o Giró Ros aportan una personalidad propia a unos vinos estrechamente ligados al clima mediterráneo y a los suelos de la isla.

Una ruta del vino por Mallorca

La ruta del vino de Mallorca recorre algunas de las zonas con mayor tradición vitivinícola de la isla. Viñedos, pueblos y bodegas forman un paisaje agrícola que permite acercarse a la cultura del vino desde perspectivas muy diferentes.

Un recorrido con sabor a territorio

Binissalem, Sencelles, Biniali, Felanitx y la zona de Colònia de Sant Pere reúnen varios de los proyectos vitivinícolas más interesantes de la isla. La proximidad entre algunas de estas localidades facilita combinar una visita a una bodega con el descubrimiento de pequeños pueblos y paisajes del interior y la costa.

Las visitas a bodegas de Mallorca permiten conocer el proceso de elaboración del vino, acercarse a las variedades autóctonas y descubrir cómo el territorio influye en el carácter de cada elaboración.

La primavera y el otoño suelen ser las mejores épocas para recorrer estas zonas, aunque cualquier momento del año permite apreciar un paisaje agrícola que cambia con cada estación.

Siete bodegas para conocer el vino de Mallorca

Cada bodega interpreta el vino desde una perspectiva diferente. Algunas recuperan la tradición vitivinícola de la isla, otras apuestan por variedades autóctonas o exploran nuevas formas de elaborar y entender el vino.

Bodegas con personalidad propia

En Sencelles, Bodega 65 recoge el legado vitivinícola del municipio, que llegó a contar con 64 bodegas. Sus viñedos se reparten por distintas zonas del centro y el este de Mallorca, donde cultiva variedades autóctonas como Callet, Giró Ros, Prensal Blanc y Malvasía junto a otras internacionales. Sus vinos incluyen blancos, rosados y distintas cuvées.

También en el interior de Mallorca, BiniVista desarrolla un proyecto basado en la viticultura ecológica y en la combinación de variedades mallorquinas e internacionales. Sus vinos buscan expresar el carácter del viñedo y el trabajo de cada cosecha, dentro de una propuesta que incorpora también visitas, catas y actividades vinculadas al mundo del vino.

El proyecto de Miquel Carreras gira en torno a Clos de Mar, una pequeña producción vinculada a la recuperación y expresión de variedades propias de Mallorca. Su trabajo pone el acento en el viñedo y en vinos que buscan reflejar el paisaje y el carácter de la isla.

En Sencelles, Bodega Santa Catarina recuperó en 2014 un proyecto iniciado en 1984 por Stellan Lundqvist. Hoy trabaja con variedades autóctonas como Manto Negro, Callet, Prensal Blanc y Giró Ros, además de otras variedades mediterráneas, y ofrece visitas al viñedo y la bodega acompañadas de catas.

En Binissalem, Can Verdura Viticultors trabaja especialmente con Manto Negro, una de las variedades más representativas de la denominación de origen. Sus vinos buscan transmitir un carácter mediterráneo fresco y desenfadado, en una bodega que combina tradición vitivinícola y una forma más actual de entender el vino.

Entre el mar y la montaña, en la zona de Colònia de Sant Pere, Conde de Suyrot elabora pequeñas producciones de blancos, rosados y tintos. Variedades como Callet, Gorgollassa, Manto Negro y Malvasía forman parte de sus vinos, elaborados de manera artesanal en un proyecto estrechamente ligado a su entorno. La bodega ofrece también visitas y catas.

En Felanitx, 4 Kilos Vinícola nació en 2006 de la mano de Francesc Grimalt y Sergio Caballero y se convirtió en uno de los proyectos que impulsaron la renovación del vino mallorquín. La recuperación de variedades autóctonas como Callet y Fogoneu y una forma más sostenible de trabajar el viñedo forman parte de su identidad.

Sa Creu Nova, un buen punto de partida para descubrir las bodegas de Mallorca

La ubicación de Sa Creu Nova facilita el acceso a buena parte de las principales zonas vitivinícolas de la isla y permite recorrer el interior de Mallorca con tranquilidad.

El vino como una forma de conocer Mallorca

Una jornada entre viñedos descubre una parte de Mallorca que pasa desapercibida para muchos visitantes. Los pueblos del interior, las fincas agrícolas y el ritmo pausado del paisaje completan un recorrido que va mucho más allá de la cata de vinos.

De regreso a Sa Creu Nova, la arquitectura tradicional de la antigua casa señorial del siglo XVIII mantiene ese mismo vínculo con el territorio. Tess de Mar prolonga esa mirada a través de una cocina inspirada en el producto local y de temporada. Un final de jornada que conserva el carácter sereno del interior de la isla.